EL QUINTO INFIERNO

lunes, septiembre 04, 2006

Entrevista a Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia 2006


Junto con saludar a Nuestro Historiador, fundamental en la comprensión histórica de los movimientos sociales de nuestro país, les presentamos la siguente entrevista que se le hizo tras ser premiado con el Premio Nacional de Historia 2006:

El historiador de los perdedores

Entre el galardón que acaba de ganar y los combos que le ofreció el empresario, Max Marambio cuando le quitaron todo poder en la Arcis, está este profesor que habla en el mismo lenguaje que sus alumnos y cuyo padre fue lavaplatos en el Club de la Unión. Salazar vive en La Reina, compra en el Jumbo y dice que “la lucha de clases ya no está en la calle, sino dentro de cada uno”.

Por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, donde los chascones estudiantes de Historia comen pan con palta e instalan una feria donde venden discos y libros, se pasea Gabriel Salazar (70), quien acaba de recibir el Premio Nacional de Historia por la incorporación de los excluidos al devenir histórico.
Si el premio se lo hubiesen entregado en otro momento, Salazar estaría rodeado de sus alumnos de la Universidad Arcis, pero la historia no dirá eso. Según cuenta el autor de “Labradores, peones y proletarios”, este año el empresario y amigo de Fidel Castro, Max Marambio, dio un sorpresivo golpe de Estado para controlar toda la universidad. “Reventaron a Tomás Moulian, a Jorge Arrate, cambiaron a los vicerrectores. Todo esto a través de métodos muy poco dialogados. Hubo criterios empresariales, pero con métodos que te recuerdan el stalinismo”. Incluso lo culparon de agitar las masas e incentivar las movilizaciones que bloquearon hace un tiempo a la Arcis.
“Ellos quedaron muy molestos cuando les dije que sus métodos eran propios del gangsterismo de izquierda. Hasta el día de hoy eso les duele”, piensa Salazar, quien hace un tiempo fue despojado del cargo de Decano luego de 21 años de trabajo, ofreciéndole hacer clases boleteando y por semestre.
“Incluso Max Marambio, en plena reunión de directorio, me amenazó con botarme todos los dientes. Fue una cosa de locos”, recuerda.

HIJO DE UN LAVAPLATOS
Hijo de Benito y Laura, su padre era cargador de sacos de trigo en un Fundo de Colchagua. Las malas condiciones laborales lo trajeron a Santiago, donde el padre del propulsor de la historia social lavó platos en el Club de la Unión, fue ascensorista en el edificio de Gath y Chávez y copero en casas de familias distinguidas. Criado en una población de Vivaceta y rodeado de potreros que se fueron llenando de poblaciones callampa, cerca de la cárcel y la isla de los hampones del Mapocho, se fue forjando este hombre que fue el único en su familia en estudiar en la universidad.
Hoy Salazar vive en la comuna de La Reina y hace sus compras en el farandulero Jumbo de Bilbao. “Ni tonto para ir a otra parte. Según el cuerpo B de “El Mercurio”, que es el único que no miente, porque es Economía y Negocios, ese supermercado es el que más vende en Chile”.
-¿Cómo es su relación con la modernidad neoliberal?
-Ir al Jumbo o al Homecenter no dice nada sobre los problemas de relaciones humanas que se están viviendo. Meter Plazas Oeste, supercarreteras y Lider por todas partes está ocultando la miseria de las relaciones. Y la pobreza no pasa por tener o no televisor o auto: pasa por tener o no tener futuro. Las cosas se pueden conseguir. Lo terrible es no saber si vas a contar con cobertura de salud cuando estés más viejo. Eso es lo que el PNUD llama ese “malestar subjetivo de la ciudadanía”-, dice Salazar mientras recuerda a su hijo, un ingeniero químico con doctorados en Inglaterra y que aquí no tiene trabajo.
-¿La falta de futuro es la gran característica de nuestras clases populares del siglo XXI?
- Yo creo. Es la inseguridad del futuro. En Chile hay un setenta por ciento de pobres en función del futuro que tienen. Eso te obliga a estar husmeando en todas direcciones y por eso hay un 48 por ciento de neuróticos en este país.
-¿Ve televisión?
-Veo tele. Comienzo a verla con los noticiarios de las nueve. No creo que sea un medio rector de las relaciones humanas. Es cierto que induce ciertas actitudes como la moda, pero no de las relaciones, que se tejen por las condiciones reales de tu vida: tu tipo de trabajo, si tienes recursos suficientes para financiar tu familia, si eres un buen proveedor, que tus hijos te respeten y que logres una compañera ideal. Si tú eres exitoso en eso, entonces te das el gusto de ser generoso con otros. La tele es una vía de escape que te entretiene y te hace olvidar un poco tu verdadera realidad.

GOBIERNO CIUDADANO
-¿Como ve el paradigma del gobierno ciudadano que presenta Michelle Bachelet?
- Creo que tiene mucho sentido simbólico. La ciudadanía tiene muy poca credibilidad en la política y por eso busca soluciones por sí misma. La sociedad civil y los sectores más afectados por este modelo, están tomando decisiones propias por su cuenta y riesgo. Lo que hace Bachelet es simbólico, porque su discurso de fondo prioriza llamar a las comisiones que ella designa. Son discursos con buenas intenciones, pero que a la larga son fariseos. Hay una participación consultiva, que no surge espontáneamente. Y mientras funcionan estas comisiones, a las movilizaciones ciudadanas nadie les da boleto.
-¿Qué pasó con la lucha de clases? ¿existe todavía?
- Antes el conflicto era tan objetivo y estructural que se daba en la calle. Hoy, el gallo que no encuentra pega tiene el conflicto adentro, porque lo asume como un fracaso personal. Eugenio Tironi alguna vez dijo que ya no había lucha de clases, pero el asunto es más complejo. La lucha de clases ya no está en la calle, está dentro de cada uno. El conflicto hoy está entre el individuo y el mercado.
-En Chile la historia está escrita por los ganadores, pero usted la estudia desde los perdedores ¿siente que el premio de alguna manera legitima su punto de vista?
-Los ganadores escriben la historia y establecen un patrón clásico que después se reproduce. Los que se han planteado desde la perspectiva de los perdedores siempre son criticados por no ser objetivistas, que no hacen ciencia. Yo he sido muy cuidadoso en escribir la historia de los perdedores como ciencia objetiva.

UNIVERSIDAD CÁRCEL
Y Salazar sabe ser un perdedor. Detenido en Villa Grimaldi, Tres y Cuatro Álamos entre 1975 y 1976, dictó un curso de Historia a prisioneros tan notables como José Zalaquett y José Carrasco, que luego se convertiría en “El desarrollo del capitalismo en Chile”. “Eran como 15 o 20 personas. Hacíamos las clases mañana por medio, se tomaban apuntes. Yo estaba lleno de información nueva y ellos me sugirieron hacer un texto. Carrasco me pasó una máquina de escribir chica y cuando apagaban las luces, me ponía una frazada en la cabeza y escribía”.
-¿Por qué lo detuvieron?
- Estaba conectado con la cúpula del MIR. El comité central, integrado por Nelson Gutiérrez, Andrés Pascal Allende y casi toda la comisión política estaban viviendo juntos los tontos, en una parcela de Malloco. Un informe que hice fue interceptado, torturaron a la gente que vivía en mi casa-buzón, luego me detuvieron y me torturaron.
- ¿Cómo lo afectó la experiencia de la tortura en su trabajo posterior?
-Lo que más me marcó fue lo absurdo de toda la situación. Más que el dolor, el absurdo que alguien te tenga amarrado en un catre de fierro y te esté pateando. Es una locura humana. La tortura sirvió para conocerme a mí mismo ¿cachai? Hasta donde puedo resistir, qué grado de dignidad tengo y luego cómo integrar toda esa experiencia en tu personalidad de manera que sea positiva. El doctor Patricio Bustos me enseñó, en la misma Villa Grimaldi, que la mejor manera de superarlo era ayudando a los otros. Eso me impactó profundamente. Fue como renacer. LCD
Fuente: La Nación

2 Comments:

  • At 3:06 p. m., Blogger MatiasAsun said…

    Se agradece mushicimo la publicacion de esta entrevista. Y me alegra muy (pero muy) profundamente este premio.

     
  • At 3:46 p. m., Anonymous Anónimo said…

    70 % de los/as trabajadores/as chilenas/os tienen trabajos indecentes, según estudio de la OIT, en una sociedad humanista y cristiana. O sea, en Chile reina el trabajao basura.


    La memoria como contribución con nuestros valores patrios


    No es desconocido el nexo que hay entre solidaridad y patriotismo[1], en particular desde la mirada de nuestro querido San Alberto Hurtado. Y cuánta vigencia cobra esa mirada, entendida como llamado a nuestra conciencia colectiva, a propósito de las fiestas patrias recién celebradas en el país. En razón de ello, nosotros creemos que septiembre debiera ser designado no sólo el mes de la patria, sino de la memoria. Así nos haríamos cargo de las obligaciones que en el curso de nuestra historia patria hemos dejado pendientes. Así responderíamos, además, a la interpelación que nos hace Juan Bautista Metz* y Gabriel Salazar, nuestro Premio Nacional de Historia 2006, en el sentido de que ya es tiempo de poner en el centro a los olvidados y los “perdedores” de la historia. Así empezaríamos a superar nuestras burguesas y poco cristianas costumbres de caer en las amnesias y de seguir perpetuando un modo de vida excluyente, que excluye a cientos de miles por medio de las inequidades e injusticias y que invisibiliza y silencia a las “otras voces”. Por lo demás, somos mayoritariamente creyentes (Revista MENSAJE, Nº 551, agosto 2006, Vol. LV, p. 7: “Somos mayoritariamente católicos…”).
    Precisamente, quisiéramos, como católicos, ser consecuentes con esas voces. Digamos que luego del retorno a la calma, después de tanta algarabía, felicidad y “chilenidad”, podríamos preguntarnos si esas fiestas han sido expresión fiel de lo dicho arriba sobre el patriotismo. Pues como lo cristiano y lo humanista constituyen el común denominador de nuestra identidad nacional, podríamos profundizar en el asunto, siguiendo la opinión del propio padre Alberto Hurtado. Claro que habrá que hacer memoria, pues su noción sobre qué serían los auténticos valores patrios o qué es el patriotismo en una sociedad cristiana sólo la hemos conocido parcialmente, o digamos que una parte de esa noción la hemos relegado al olvido. Recordemos: su concepto de patriotismo está indisolublemente ligado a los valores cristianos.
    Es decir, cada vez que celebremos nuestra chilenidad o hagamos gala de nuestro patriotismo, debiéramos celebrar desde la siguiente verdad: “Somos – como ya se dijo- mayoritariamente católicos…”, o sea, somos una sociedad humanista y cristiana (esto, además, es lo que más se repite en campañas electorales para sumar votos, ¿o no?). No obstante, esto nos lleva a la siguiente pregunta, incómoda, incluso para más de alguien quizás insoportable, planteada hace ya tiempo por el primer santo chileno: ¿Es Chile un país católico? Pues dejemos que la voz de Alberto Hurtado interpele nuestra memoria:
    “Para muchos, durante muchos años, el cristianismo ha sido un asunto puramente individual, algo a sí como una especie de seguros para la otra vida…” “Pero el cristianismo auténtico no es eso: es la religión de los hermanos que se sienten responsables de la salvación[2] de sus hermanos”.[3] “Los que han creído que el cristianismo es un asilo para salvaguardar su fortuna, su rango, sus virtudes mezquinas y mediocres han tenido que desengañarse”.[4] “Cristo no es un modelo que haya bajado del cielo para servir de argumento a Leonardo da Vinci ni a Rafael, para que sus cuadros hermoseen los salones. Ni subió a la cruz para que su imagen de marfil o de bronce adorne un dormitorio”.[5] “La elevación del proletariado es elemento substancial del orden nuevo…”, “Esa elevación habrá de realizarse por una modificación profunda de la estructura social actual: de la educación, de la remuneración del trabajo, de la vivienda popular, de la seguridad social”.[6] “Se engaña si pretende ser cristiano quien acude con frecuencia al templo, pero no cuida de aliviar las miserias de los pobres”.[7] “Se engaña quien piensa con frecuencia en el cielo, pero se olvida de las miserias de la tierra en que vive”.[8] “El silencio sobre las injusticias sociales perjudica en mayor grado a la Iglesia de lo que pudieran servirla grandes discursos sobre el peligro de las logias”.[9] “…La burguesía católica en su resistencia a la justicia social ha actuado no en cuanto católica sino en cuanto burguesía”.[10] “Algunos se consideran culpables al estrechar la mano de un masón o de un comunista, pero no al tratar con quienes violan abiertamente la justicia en sus negocios y la caridad en sus palabras o en sus omisiones egoístas”.[11] “Aunque no hubiera nacido Karl Marx o Lenin, aunque Rusia estuviera bajo el régimen de los zares, mientras haya un pobre que padezca injusticia, el católico se siente unido a él, deudor de él. De esta deuda no se sentirá libre hasta haberla pagado”.[12] “El católico es social no por anticomunista sino porque es católico”.[13] “Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría. Pero esta alegría es echada a perder por los que altaneramente desprecian el esfuerzo del obrero, no obstante que se aprovechan de sus resultados”.[14] “Otros hay que ofenden al obrero, haciéndole sentir que él vive porque la sociedad bondadosamente le procura empleo”. “Más cierto sería decir que la sociedad vive por el trabajo de sus ciudadanos: sin trabajo no habrá riqueza ni sociedad”. “Esta idea podría ser mejor comprendida en una asociación vocacional en la que el trabajador, dejando de ser un simple asalariado, participara de la propiedad y aun de la dirección de la obra en que trabaja para bien y servicio de la sociedad”.[15]
    ¿Acaso no le hace bien a nuestra chilenidad, y a nuestro ser y estar-en-el-mundo, el ejercitar el pensamiento y la memoria? Obvio que sí; la vida no es puro gozar y gozar, también es necesario pensar y hacer memoria. Pues hacer memoria es… confrontar el “Bienaventurados los olvidadizos” (a), de Nietzsche, con el “bienaventurados los que sufren”, de Jesús, y proclamar con Metz: bienaventurados “los que no pueden olvidar el dolor” (b) de las voces de los silenciados, las víctimas inocentes, los humillados, los injustamente excluidos, los del sueldo mínimo, los que tienen hambre y sed de justicia, los perdedores de la historia… de esa historia predicada y enseñada por los propietarios de la Teta Eterna (consúltese al respecto opinión de Felipe Lamarca en La Tercera), guardianes eternos de los valores y los dogmas globales de un neoliberalismo en decadencia. Hacer memoria es fortalecer nuestros valores patrios; es ser consecuentes con nuestra condición de sociedad humanista… y cristiana. Hacer memoria es hacernos cargo de las obligaciones que en el curso de nuestra historia patria hemos dejado pendientes. Hacer memoria es no quedarse sólo con la parte azucarada del mensaje de nuestro hermano Alberto Hurtado. Hacer memoria -finalmente- es defender la patria de unos antivalores que mantienen a las mayorías viviendo como exiliados en su propia tierra, esas mayorías expresadas en el 70 % de trabajadores/as que en nuestro país, según la OIT, sobreviven con trabajos indecentes.

    Atte., Micaela Huala, Narda Rivera, Bastías Noé, vocero/as movimiento autónomo de filosofía –UC del Norte, IV Región, Chile.



    *Johann Baptist Metz
    Nace en 1928 en Auerbach (Palatinado del Norte), es profesor y doctor en filosofía y en teología. Cursó carreras en Bamberg, Innsbruck y Múnich. De 1963 a 1993 ejerce como catedrático de teología fundamental en la Universidad de Münster.
    Discípulo de Karl Rahner, aunque toma su propio camino fundando la teología política. Coeditor de la revista internacional de teología Concilium, fue profesor invitado de filosofía de la religión e ideas en la Universidad de Viena de 1993 a 1998 y fue nombrado doctor honoris causa por esta misma universidad en 1994. Entre sus obras destacan Teología del mundo (1970), La fe en la historia y la sociedad, Más allá de la religión burguesa (1982) y El clamor de la tierra: el problema dramático de la teodicea (1996), entre otras.
    Metz subraya el carácter histórico y no mítico de la fe cristiana: el Dios cristiano no está por encima de la historia; es el Dios de la hora histórica. En Jesús la trascendencia se convierte en acontecimiento histórico de salvación (= liberación). Frente a las tendencias privatizadoras de la fe de las teologías existencial y trascendental, acentúa la dimensión crítico-pública de la fe. Traduce teológicamente la primacía categorial del futuro en el pensamiento moderno “como escatología crítica creadora” (ojo, no esperadora) y la esperanza como resistencia creadora-liberadora. En su obra Dios y tiempo, nueva teología política (2002) pone en el centro la lucha contra la amnesia y el olvido de las víctimas inocentes de la historia a que arrastran los condicionamientos socio-políticos actuales y una cultura anti-anamnética (= amnésica) enfatizando el carácter actuante y cívico del movimiento fundado por Jesús. La provocación del discurso sobre Dios (2001) es una obra hecha en co-autoría con Elie Wiesel, obra fruto del homenaje con motivo de su setenta cumpleaños en el que participaron Joseph Ratzinger (actual Papa), Jürgen Moltmann y Eveline Goodman-Thau.
    ________________________________________
    [1] Tony Mifsud, grupo de reflexión y ética, Universidad Alberto Hurtado, Informe Ethos, 2005.
    [2] Entiéndase salvación como la entiende Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Hélder Cámara, John Sobrino, J. B. Metz, Richard Shaull, José Comblin, etc., etc., es decir, como liberación integral de la humanidad y de los pueblos, lo que incluye lo político, lo económico, lo social. Y la liberación de los fanatismos religiosos deshumanizantes (tan en boga).
    [3] PADRE HURTADO, MENSAJE A LOS JÓVENES, Adaptación de manuscritos originales: Padre Miguel Ortega Riquelme, Editado por Encuentro Continental de Jóvenes, Arzobispado de Santiago. Producción General: El Mercurio S. S. P., octubre 1998, p. 33.
    [4] Idem, p. 31, 32.
    [5] Idem, p. 32.
    [6] Idem, p. 83.
    [7] Idem, p. 95.
    [8] Idem, p. 95, 96.
    [9] Idem, p. 98.
    [10] Idem, p. 102.
    [11] Idem, p. 101.
    [12] Idem, p. 104.
    [13] Idem, p. 105.
    [14] Idem, p. 117.
    [15] Idem, p. 117.
    (a)Nietzsche, Friedrich, Más allá del bien y el mal, en Obras completas III, trad. de P. Simón, Buenos Aires, 1970, p. 641 ss.
    (b)Metz, Johann Baptist, Dios y tiempo, Nueva teología política, Editorial Trotta, Madrid, 2002, p. 170.

     

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