EL QUINTO INFIERNO

lunes, julio 17, 2006

No en mi nombre

Si hay algo nuevo en esta escalada bélica es tan solo la fecha, porque los acontecimientos en esta sufrida región de Oriente Próximo se repiten de forma cíclica, como en un círculo vicioso en donde nada cambia y todo se repite como si fuera un disco rayado. Para los israelís, volver al Líbano es como si EEUU volviera a Vietnam, con la única diferencia de que los estadounidenses tienen memoria, mientras que --parece-- los israelís se olvidaron del precio que se cobró el pantano libanés. Y de eso no hace mucho. El capítulo actual de la lucha lo abrió Hizbulá con el operativo que concluyó con la muerte de ocho soldados israelís y la captura de otros dos. Pero quien quiera buscar las raíces de este trágico conflicto tendrá que cavar mucho más hondo. Los orígenes están claramente ubicados en el maldito día de junio de 1967 en el que Israel conquistó los territorios palestinos de Cisjordania. Fue en aquel entonces cuando comenzó este proceso de deterioro cotidiano que nos está costando a todos --israelís y palestinos-- sangre, dolor y lágrimas. Cuando Israel retiró sus tropas del Líbano a finales de 1999, creyó que Hizbulá se iba a dar por satisfecha e iba a dejar las armas. Lo que no comprendió en aquel entonces --y parece que tampoco entiende ahora-- es la íntima relación entre Hizbolá y la lucha del pueblo palestino. Hizbulá no combatía solo para echar al Ejército israelí del territorio libanés, sino también por la retirada israelí de los territorios palestinos ocupados, y por ende la lucha en la frontera norte no acabaría con la retirada del Líbano. Los acontecimientos en el país de los cedros y en Gaza están tan íntimamente ligados que no habrá tranquilidad en la frontera norte hasta que no reine la tranquilidad en Gaza y Cisjordania. Por no entender esta ecuación, Israel se ha involucrado en una nueva ola de violencia de la cual no puede salir triunfante; no porque no tenga el poderío militar para vencer, sino porque de estas guerras todos salen perdiendo. Israel se está desangrando y está pagando el precio de la insensatez, el fanatismo nacionalista y la soberbia. La guerra por la supervivencia que comenzó en 1967 degeneró en una postura expansionista que adora los territorios más que a la vida misma. Esta cara del conflicto, más allá de la tragedia que siembra a diestra y siniestra, es sumamente frustrante para el movimiento pacifista israelí, puesto que después de las últimas elecciones queríamos suponer que la presencia del laborismo israelí en la coalición gubernamental podía abrir alguna perspectiva de negociación. Incluso llegamos a creer que el hecho de que, por primera vez en muchos años, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, fuera un civil y no un general retirado, podía acercar la reconciliación entre ambos pueblos. Hoy nos damos cuenta de que nos equivocamos, y que no hay ninguna diferencia entre esta coalición y los peores gobiernos de derecha de los últimos años. Parece que las fuerzas destructivas que reinan en este país son más poderosas que la sensatez y están empecinadas en arrastrarnos hacia un precipicio mortal. Lo peor del caso no es solamente que el Gobierno recicla las medidas desmesuradas que nunca han producido ningún efecto, sino que con cada misil el pueblo enceguece más y exige más violencia, más fuerza y más ataques, sin comprender que ya hemos hecho uso de fuerza, ataques y violencia y ello nunca nos condujo a buen puerto. Todo lo contrario, violencia genera más violencia y cada ataque trajo consigo una represalia que generó un contraataque, y así sucesivamente. En estos difíciles momentos en que matamos y nos matan quiero expresar en voz alta, en nombre de los miles de israelís que componen el movimiento pacifista, que este ataque no es en nuestro nombre. El Gobierno israelí no actúa en nuestro nombre y nos sentimos profundamente dolidos por la sangre vertida en vano. Lo decimos claramente, como israelís que queremos a nuestro Estado y que estamos hondamente preocupados por el grado de degeneración que está afectando a la sociedad israelí y por la destrucción de las bases morales del judaísmo. No es este el país en el que los profetas de Israel, aquellos que soñaban por un mundo de paz y justicia, hubieran querido vivir.

MEIR MARGALIT Miembro del Movimiento Pacifista Israelí y exdirigente del partido Meretz

2 Comments:

  • At 4:44 p. m., Blogger mbb said…

    realmente es muy interesante tu post che, un poco de conciencia, siemrep es bueno saber de que se tratan estas cosas, saludos, suerte....

     
  • At 10:49 a. m., Blogger blueberrie said…

    Los estadounidenses tienen memoria?.. Ni idea tienen de lo que ocurre más allá de sus narices.

     

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