EL QUINTO INFIERNO

martes, enero 17, 2006

Michele Bachelet, la Promesa de Cambios del Bicentenario y la Transición Pendiente con los Pueblos Indígenas


Un acontecimiento trascendente ha ocurrido en Chile: una mujer encabezará el gobierno del Bicentenario de la República. En un estado presidencialista y autoritario este hecho altera los marcos de lo imaginable y lo posible. “¿Quién lo hubiese pensado hace 20 años, hace 10 años, hace 5 años?” como dijo Michelle en su primeras palabras. Y agregó: “soy su primera mandataria”, de un gobierno de ciudadanos. No de súbditos, entendimos de inmediato. Tal es el cambio cultural que su elección promete. Un cambio del orden de las cosas, de los símbolos y de los discursos. A 16 años, tal vez una democracia. El 15 de enero de 2006, el cielo era azul.
Su elección podría significar una alteración en el imaginario republicano, que podría abrir paso a un posible reordenamiento del universo simbólico chileno, de proyecciones de larga duración. Nos dicen. Tal vez, decimos. Un cambio cultural que podría abrir espacios a una democracia de las diferencias y ciudadanías plurales: de género, edad, de pueblos y todas las identidades. Quizás. Una sociedad que podría empezar a dejar atrás el peso de la noche colonial y patriarcal, y el peso de la noche fascista. Ojalá. Y rompa la ecuación mítica inscripta en el inconciente colectivo hacendal de una sola nación, única, blanca e indivisible, de varones, propietarios y racistas. ¿Será verdad tanta belleza? Cambio cultural que es precondición para una república democrática formada por una pluralidad de pueblos, de humanos y humanas, sujetos de los mismos derechos y dignidad. Ese cielo azul que queremos.
El gobierno de Michelle Bachelet – esa promesa, ese cielo, esos anhelos- no puede fracasar. Me dicen. De acuerdo, digo, y abrazo a los míos y pienso en el principio esperanza. Tal desafío es un asunto que comprende responsabilidades compartidas, que van más allá de su coalición, más allá de partidos y liderazgos, que dicho sea de paso, poco se merecen esta oportunidad que le brindan los que inclinaron el fiel de la balanza por fundada aversión a la derecha. Ojala no se la farree esa elite, con la indolencia y soberbia ‘expansiva’, que les ha caracterizado. Lo que está en juego les trasciende y les queda grande. La promesa del éxito del periodo Bachelet, el que marque un antes y un después, atañe al campo de lo cultural, a un cambio en esa trama de valores, instituciones y símbolos que forman una cultura, y que, hoy por hoy, en Chile, está hegemonizada por grupos, sectas y gramáticas retrogradas, donde no hay espacio a la diversidad. Su elección fue una fisura en esa trama, - quien lo hubiera imaginado - una excepción. Tal vez.
Hubo otra excepción, algo insólita. La última escaramuza de estas elecciones, el tema del que todos los políticos hablaban dos días antes de votar, era sobre los pueblos indígenas. Pueblos que vieron estupefactos, perplejos, como se disparaban en su nombre y sin consultarlos los últimos voladores de luces de la contienda electoral del bicentenario, en un equivoco y faradulesco episodio constitucional.
Para esos pueblos, por los que todos desgarraban vestiduras y prometían reconocimiento eterno hace apenas días antes de la elección, sin embargo, no hubo ni una sola palabra, ningún gesto, ningún guiño, en las primeras palabras de Michelle Bachelet como Presidenta electa del gobierno del Bicentenario. Una notoria discontinuidad discursiva, y un sutil error de protocolo en un país pluriétnico...
Por : Por Víctor Toledo Llancaqueo. Ver continuación en Mapuexpress

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