EL QUINTO INFIERNO

lunes, diciembre 12, 2005

Pasó todo lo que tenía que pasar, en un país donde aún no pasa nada

El decano de la prensa chilena, el ultra conservador diario El Mercurio anuncia ayer domingo, día de las elecciones, en su editorial que “Cualquiera que sea el resultado, lo más probable es que se observen cambios en el próximo gobierno, lo que puede traer un aire renovador al país, dentro de un contexto de estabilidad capaz de sostenerlo”.
Donde dice “aire renovador al país” debe leerse “Renovación Nacional”, nombre del partido del candidato empresarial Piñera, con el que el capital aspira a superar la experiencia pinochetista representada por Lavín, el candidato de la UDI, el gran perdedor de la jornada, que cae estrepitosamente arrastrado por la caída del general Pinochet, aquel Capitán General que masacró al pueblo en defensa de las instituciones y de la ganancia mientras se llenaba los bolsillos como un sátrapa cualquiera, pero que el sistema ha desnudado lentamente para evitar darle la razón a los muertos, a los presos, a los torturados, desempleados, exiliados y desaparecidos. Lavín, una vez clara la tendencia de su derrota, ha anunciado el fin de su vida política, como que fuese un acto de su voluntad y no el desastre electoral.
Tradicionalmente se había llegado en las elecciones a un tercio de la derecha, otro del centro y el último de la izquierda. Hoy esas proporciones se conservan, sólo que el tercio popular ha abandonado la estrategia electoral para los cambios, frustrado históricamente por la derrota del gobierno de izquierda, la insuficiencia de la construcción del poder popular, la mala conducción de la izquierda vanguardista, electoral o no -más preocupada de instalar un proyecto de nuevo estado dirigido por ellos que por los problemas de la gente, problemas que sólo han servido de gancho para invitar a “la lucha”-, la traumática experiencia de cientos de miles de asesinados, torturados, desaparecidos, exiliados, desempleados, etc, la mentira de la actual izquierda en el gobierno, todo ello está vivo y latente en la memoria histórica y se reproduce con fuerza en la juventud y sectores marginados.
Muchas veces se ha visto a las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile como el termómetro indicador de lo que puede suceder con la izquierda en las elecciones estatales. La última elección estudiantil sacó del medio a la izquierda pro PC y dio la victoria a la alianza de simpatizantes de la Fuerza Sindical con la Surda y colectivos autónomos, todos ellos en búsqueda de alternativas diferentes, los dos primeros en dirección de las instituciones por vía de una reformulación de las actividades burocráticas y los últimos intentando desplegar la práctica del asambleismo y la horizontalidad del protagonismo social.
La otra campaña ya tiene lugar hace tiempo. No se manifiesta mediante un perfil único ni con alguna agrupación más avanzada como el caso del zapatismo en México. Ha huido de los partidos y de las viejas tradiciones de la izquierda. Se expresa en cientos de experiencias de autoorganización social en los barrios, comunidades y localidades. Allí se verifica la presencia de grupos independientes de anarquistas, autónomos, miristas, culturales, rodriguistas, lautarinos, mapuche, situacionistas, cristianos, comunistas o socialistas sin partido, nueva izquierda y muchos otros que no mantienen redes ni lazos orgánicos entre ellos y en ocasiones se encuentran para intercambiar. Constantemente algunos de esos colectivos levantan la cabeza y convocan a encuentros de afinidad con la idea de avanzar en la formación de lo que algunos llaman la reconstrucción del movimiento popular. Cada cierto tiempo se realizan encuentros de miristas, anarquistas, autónomos, etc. convocados por los que aún no entienden ni quieren adaptarse a los nuevos tiempos, donde la diversidad se opone de hecho a la búsqueda de coordinaciones o frentes. Algunos viejos militantes se han instalado en barrios y desde hace años construyen fuerza social local para volver a las andadas detrás de la toma del poder. El espectro en sumamente amplio y la juventud barrial es proclive a aceptar y aún inventar modalidades de organización compatibles con sus anhelos de protagonismo y de libertad. De hecho hay una fuerte conciencia no sistematizada de pensar y actuar de manera autónoma y libertaria.
El topo de la historia sigue su paso sin necesidad de las vanguardias.

Extraído del artículo "Chile: Continuismo capitalista y derrota de la izquierda electoral" por Profesor J. Léelo completo en Clajadep

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